Un viaje imaginario al invierno.

Piano negro

Y te preguntarás

¿Qué hay en este Norte?

No tengas miedo.
En este Norte no vas a pasar frío. Al contrario: vas a encontrar un lugar confortable y acogedor. Un refugio a salvo de las prisas y el ruido cotidiano de fuera. Una burbuja.
“La Idea del Norte” fue un concepto acuñado por el pianista canadiense Glenn Gould para referirse a una geografía mental, un espacio imaginario. Un territorio sereno donde se dan las condiciones óptimas para apreciar la multiplicidad de detalles y matices que pasan desapercibidos en nuestro apresurado mundo pero que iluminan y dan pleno sentido a las cosas que nos hacen vibrar. Están ahí, esperando a ser descubiertas.

Mariano Jiménez

Algo más

¿Quién habita este Norte?

Mi nombre es Mariano. Tengo un curriculum profesional pero también estoy en posesión de un abultado historial médico conseguido tras grandes esfuerzos. Creo que es pertinente señalarlo cuando, a los nueve años de edad, te diagnostican una enfermedad progresiva degenerativa irreversible, demasiados adjetivos como para que la cosa no tenga influencia en lo que seas de mayor.

Soy músico de vocación. Cecilia, la vecina, me apuntó por su cuenta en la escuela de música porque me escuchaba todos los días y a todas horas tocar fragmentos del Concierto para clarinete de Mozart en la flauta de plástico que usaba mi hermana en el cole. El primer día en el Conservatorio me detuve en el pasillo paralizado por la música que salía de un aula. Entonces no sabía que esa música era de Bach ni sabía quién era Bach. Tampoco sabía en ese momento que un día la música Bach me salvaría la vida.

Mi primer recuerdo del cine transcurre en una habitación a oscuras y en silencio, sentado en el suelo, dando vueltas adelante y atrás a la palanquita que deslizaba los 2 metros de celuloide en 8 milímetros del Cine Exin, el cine sin fin. Fascinado e hipnotizado. Una de las experiencias más intensas de mi vida.

Años después, en una sala de cine, vi a Gene Kelly cantar bajo la lluvia feliz y yo sentí el pecho henchirse de dicha pero también sentí que un llanto se anudaba a la garganta. Fue una mezcla de sensaciones extraña y maravillosa. Cuando la cámara empapada de Stanley Donen se eleva del suelo me puse en pie de repente, impulsado por el más absoluto gozo. Volvería a pasar lo mismo cuando Clark Kent se convirtió en Supermán en la noche de Metrópolis y echó a volar para salvar a Lois Lane, que pendía de la azotea de un rascacielos. Mi padre extendió la mano para impedir que saliera volando y permanecí sentado en la butaca. La vida ya nunca fue lo mismo tras cada una de estas cosas.

La música y el cine son dos de mis pasiones. Compartir entusiasmos y enseñar la diferencia entre oír y escuchar, mirar y ver, dan razón de ser a este espacio digital.